Para la psiquiatra norteamericana Ethel S. Person, el amor "no es más que una expansión de la imaginación" y dejar de amar en cambio, una "contracción de la misma, así como todo nos parece más grandioso, más bello, más brillante, cuando nos enamoramos, ocurre lo contrario cuando dejamos de amar. Entonces vemos todo lo que rodea a la otra persona más pequeño, más feo, más sombrío"

Lo que resulta más impactante para mayor parte de las personas que dejan de amar, es que no siempre se encuentra una explicación clara y lógica para lo que sucede. Algunas veces, desde luego, existen razones evidentes para renunciar al amor de una persona, pero en muchas otras, no hay explicación razonable para lo que ha ocurrido. En ellas el desamor resulta tan caprichoso y tan inexplicable como el amor. También  existen muchas diferencias entre la forma en que va surgiendo el desamor, tantas como en las que surge el amor. Así hay amores que sufren un decaimiento súbito, hay otros que van esfumándose poco a poco, hasta que dejan de existir lamentablemente. Entre estos dos extremos existe una gama infinita de posibilidades, por lo tanto, resultaría muy poco válido hacer recomendaciones para evitar que el amor se acabe, porque jamás tendrían una explicación general o particular, pues el amor es una exclusiva concepción "sue generis" de los que concibieron dicho cariño.

Por otra parte, casi siempre se considera como "victima" a la persona que ha dejado de ser amada. Sin embargo, la realidad de las cosas es que dejar de amar suele también ser gran tormento para ambos, sobre todo cuando se lleva una relación estable en el tiempo, y cesa inesperadamente. Muchos psicólogos aseguran que la señal más inconfundible de que se ha dejado de amar a una persona es que se le ha dejado de admirar y respetar. Un punto  por aclarar importante, que cualquier quiebre se traduce como un factor incomunicacional y donde no se ha podido esclarecer puntos de intereses en común causando conflicto y angustia, pues a  pesar de formar parte de la misma especie, somos diferentes biológica, física y psicológicamente. "La posibilidad de unirnos, e incluso fusionarnos emocional y sexualmente, pasa por comprender y aprovechar esta diferencia para poder así complementarnos como pareja", explica el experto en psicobiología, David Deida. Así, se entendería que por más que nos esforcemos, nos cuesta mucho vivir con la persona que amamos, y por más que lo intentemos, tampoco resistimos hacerlo sin ella. Nos guste o no, solemos quedar atrapados por esta disyuntiva. Eso sí, a pesar del dolor y del sufrimiento que experimentamos cuando terminan nuestras relaciones sentimentales, jamás nos damos por vencidos. No importa la edad que tengamos, ni siquiera nuestro currículo afectivo, pues conservamos a pesar de los acontecimientos la necesidad natural e intrínseca de amar y ser amado por alguien.

El verdadero amor se sustenta bajo tres pilares: en primer lugar, la responsabilidad personal, que consiste en que cada amante se haga cargo de sí mismo psicológicamente. En segundo lugar, la interdependencia. Una vez conquistada la autonomía e independencia emocional, el aprendizaje radica en construir una convivencia constructiva, honesta y respetuosa. Y por último, valorar y disfrutar de la persona con la que compartimos nuestra vida tal como es. Si hoy por hoy nuestras relaciones están marcadas por la rutina, el conflicto y el sufrimiento es porque nadie nos ha enseñado a amar. Pero como cualquier otro arte, se aprende a base de practicar y cometer errores. El amor es como la semilla de una flor. Para que brote, desprenda su aroma y ofrezca sus frutos a la vida requiere cuidados diarios. Al igual que la flor, el amor necesita ser regado con agua, nutrirse de sol y ser mimado con agrado y cariño cada día. El reto de cada pareja consiste en convertir esta metáfora en una realidad, explorando en cada caso cuál es la mejor forma de conseguirlo. Nunca hemos de olvidar que, tarde o temprano, cosecharemos lo que hayamos sembrado.

Durante este proceso da lugar,  a la  "obsesión" con la persona amada, queriendo estar a su lado todo el tiempo y a cualquier precio. Es como un hechizo fisiológico que nos nubla la razón, volviéndonos adictos al objeto de nuestro afán. A nivel psicológico, "el enamoramiento nos lleva a distorsionar la realidad, proyectando una imagen idealizada sobre nuestra pareja. Estamos tan cegados por el intenso torbellino emocional que sentimos en nuestro corazón, que no vemos al otro tal como es, sino como nos gustaría que fuese".¿Amar o depender del otro?, es una buena pregunta...una vez se desvanecen los efectos del enamoramiento propios de los primeros años de pareja (idealización), los amantes empiezan a verse tal y como realmente son, y es entonces "cuando comienza la verdadera relación de pareja, pudiendo cultivar un amor sano, nutritivo y duradero", señalan los  expertos. En este punto del camino es donde se pone de manifiesto el auténtico compromiso  de la pareja. La paradoja inherente a nuestros vínculos afectivos es que todos deseamos ser queridos, pero ¿cuántos amamos realmente? Y es que una cosa es querer, y otra muy distinta, amar. A juicio del psicólogo clínico Walter Riso: "Queremos cuando sentimos un vacío y una carencia que creemos que el otro debe llenar con su amor". En cambio, "amamos cuando experimentamos abundancia y plenitud en nuestro interior, convirtiéndonos en cómplices del bienestar de nuestra pareja".

Un punto importante aquí,  es lo referente a  la madurez conductual  de la pareja, a menos que cada uno de los dos amantes se responsabilice de ser feliz por sí mismo, la relación puede convertirse en un campo de batalla. De hecho, "muchas parejas terminan encerrando su amor en la cárcel de la dependencia emocional, creyendo erróneamente que el otro es la única fuente de su felicidad", apunta Riso. "Es entonces cuando aparecen en escena el apego (creer que sin el otro no se puede vivir), los celos (tener miedo de perder al compañero sentimental), la posesividad (tratar al otro como si nos perteneciera) y el rencor, que nos lleva a sentir rabia e incluso odio hacia nuestra pareja, creyendo que es la causa de nuestro malestar". Y por si fuera poco, se sabe que cada conflicto que mantenemos con nuestra pareja deja heridas en nuestra mente y en nuestro corazón. No sabes cuándo fue que las cosas cambiaron ni por qué, simplemente la relación decayó, te dejaron de querer o más bien, su amor se transformó en algo más fraternal, un hecho es que los días conyugales felices no volverán, no se puede vivir del pasado, pues clausuras y enjaulas a tu futuro, visionando  imágenes oscuras y temerosas de nuevas o venideras relaciones. No te asustes, no es malo sentir esto. Con el tiempo descubrirás fortaleza y razón suficiente para tener claro que se puede vivir sin la otra persona, que la relación de pareja no es la única forma de amor, pues este sentimiento también se encuentra en la familia o los amigos, sin desconocer ni marginar que la vida de pareja es maravillosa, y que solo experimentándola podemos adquirir sensatez suficiente para entender que aún tratándose de una relación dual siempre serán personas distintas, con sus propios gustos y objetivos, no se trata ni de complementarse ni rellenar vacíos, sino de disfrutar ambos sin recetas autoritarias,  sin egoísmos y humildad de la "vida" en común.

 El amor es una "interdependencia" que necesita cuidado y trabajo de ambos amantes. Los vuelos naturales del espíritu humano no van de placer a placer, sino de una sana esperanza a otra, así se explica que desprenderse de una expectativa no es nada: lo heroico  y trascendental es desprenderse del sueño de amor, todo lo que vemos desfilar ante nuestros ojos, todo lo que imaginamos a través de la expresión del amor. Dios no te hubiera dado la capacidad de amor sin darte también la posibilidad de convertir tus sueños en realidad. Para aquellos que celebran el milagro de la vida...pero para aquellos que aman, el tiempo es eterno. Aquí estamos en la tierra por motivos, no sabemos muchas veces cuales, no  te empecines en saberlo, vida es aquello que siempre se alarga hacia lo alto y se esfuerza por alcanzar cosas mejores y en el amor verdadero, la distancia más pequeña es demasiado grande, y sobre la distancia más largas se pueden construir puentes y ventanas hasta en el cielo. Si rechazamos el amor que se nos da, si nos negamos dar amor porque tememos dolor o pérdida, entonces nuestra vida estará vacía. Decide apostar por el amor. El odio es una carga demasiado pesada. Si realmente quieres a alguien, lo único que quieres para él es su felicidad, incluso si tú no se la puedes dar, pues nunca dejas de querer la persona con la que realmente has estado enamorada.

 Si no sabes amar tu vida pasará como un destello...no llores, levántate, sonríe y  abre tus alas de nuevo.