El adiós de una mascota familiar
Cuando se muere una mascota querida...algo de uno propio e íntimo de se va con ella, se pierde la presencia inocente y natural, un saludo espontáneo de bienvenida, o un arrullo o ronroneo en un acercamiento silencioso y apoyo incondicional, un amigo, o una camarada de juegos, una sabedora y paciente escucha. Sí, señores, una mascota en la vida humana es un regalo de Dios, un obsequio para darnos a entender que lo grandioso y sublime se encuentra detrás de una limpia y sencilla mirada de tú moscota, a través de esos ojos sin malicia que avergüenzan a mi mirada humana e imperfecta, se encuentra la gracia de la lealtad, la esperanza y conmiseración. Solo así, reconociendo esta gentileza divina concedida, se puede medir el valor de la propia alma humana agradeciendo esta iluminación benévola al cobijar un animal en casa. Ya no te veré más, fuiste mí compañera de este viaje al que llamamos vida, en otro tiempo estás. "Manchita" eres ahora, la dueña de un ámbito cerrado como un sueño que ha inesperadamente terminado, pero aún sé que guardas tú y yo ese rinconcito especial del recuerdo...y en donde humildemente, te doy las gracias de haber compartido tu noble presencia conmigo.
Daniel dijo
Muy bueno tu post...yo tambien tengo un perro de 9 años, la verdad que el dia que se muere estoy seguro que llorare un monton
17 Julio 2011 | 07:56 PM